Asumimos en calidad de Servidores de Cristo la voluntad del Padre
al exaltar a su precioso Hijo y de darle un Nombre
que es sobre todo nombre:

“Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla
de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;
y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,
para gloria de Dios Padre.”

(Filipenses 2:10-11, BRV1960)

Y por esta palabra ponemos nuestros ojos en

Jesús, el autor y consumador de la fe porque le vemos
coronado de gloria y de honra.