¿Nacionalidad o Ciudadanía?

 

En este periodo de fiestas, ¿imperará nuestra nacionalidad o nuestra nueva ciudadanía?. 

  

 

Nuestra ciudadanía celestial

 

Hay cuatro formas de adquirir la nacionalidad chilena, siendo la principal, haber nacido en territorio chileno, lo que nos hace, en consecuencia, ciudadanos chilenos con deberes y derechos. Por otra parte, la cédula de identidad, permite asumir la ciudadanía chilena y, aunque mi nacionalidad sea otra, este documento lo expresará así.

Si a un matrimonio de chilenos le nace un hijo en Escocia, ese hijo será escoces de nacimiento y tendrá la ciudadana escocesa, pero, por ser hijo de padres chilenos, aquí en Chile, ese niño tendrá también ciudadanía chilena.

No importando la nacionalidad, nosotros hemos asumido otra ciudadanía. Pablo, escribiendo a los Filipenses, dice: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Flp. 3:20).

El Apóstol Pedro, va más allá y escribe en su primera carta “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma” (1Pe. 2:11). Así también lo entendió el Rey David, agregando una palabra más y dice: “extranjeros y advenedizos somos delante de ti,  como todos nuestros padres;  y nuestros días sobre la tierra, cual sombra que no dura”. (1Cr. 29:15).

Evaluemos, ¿Qué beneficios y obligaciones tenemos con nuestra nacionalidad? Y ¿Qué beneficios obligaciones tenemos con nuestra nueva ciudadanía? ¿Cuál prima sobre nuestras vidas? ¿A cuál de las dos le damos mayor honra? En este periodo de fiestas, ¿imperará nuestra nacionalidad o nuestra nueva ciudadanía?.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16). Así nos dio una nueva ciudadanía. Nos hizo un reino de sacerdotes para Dios, su Padre. Las instrucciones de nuestra nueva ciudadanía puede encontrarlas en Mateo capítulos cinco, seis y siete.

“A él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén”.(Ap. 1:6) 

 

 

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